sábado, 28 de diciembre de 2013

Aroma, sonido, color

El canto de los pájaros despertaron a Daniela antes del amanecer con continuos gorgojeos. La estaban recibiendo en su entorno natural, dándole el bautismo de bienvenida con homenaje musical incluido, huésped de “Las Cabañas en su Salsa” situado en pleno bosque tropical, en la provincia de Salta. Aún acostada en su cama, no se animaba a interrumpir el concierto escuchado, era mucha la emoción contenida, ya se imaginaba usando el binocular ubicado en las casillas de visualización en lo alto de los árboles. Observando hábitos nidificación, apareamientos y alimentación de pichones. Jamás había pernoctado en una posada en medio del bosque, se había preparado durante muchísimos años estudiando Biología, especializándose en ornitología, deseaba poder llegar a investigar mucho y poder contribuir a la ciencia. Por fin se había cumplido su anhelado sueño, luego de ingentes sacrificios ahorrando peso a peso para adquirir pasajes y pagar hospedaje. ¡Pensar que pasaría 30 días allí! Era difícil de interpretar la emoción que le embargaba. Se levantó con mucho sigilo y con su larga vista intentó visualizar, con las primeras luces del alba las elegantes siluetas que le devolvían los lentes. También comenzó a disfrutar de la cercanía del bosque que la rodeaba, se veía totalmente empequeñecida, ante tanta magnificencia de la masa vegetal con sus gigantescas arboledas de toda graduación de tonos, entrelazadas con elegancia había enredaderas, lianas, parasitas y epifitas. En algún momento pensó que llegaría a descubrir nuevas especies, tan grande su autoestima, que se sentía en lo más alto del pedestal científico. Se vio caminando por estrechos senderos envuelta en la maraña. Apenas le llegaban tenues rayos del sol, de la gran espesura imperante y por breves momentos, llegaba a ver el celeste cielo. El lugar elegido era de lo más natural, poco modificado por el hombre y estaba orgullosa con el equipo de ropa especialmente adquirido. Que más le podía pedir a la vida, si todo aquello que deseaba se le había hecho realidad. De golpe, escuchó un estridente grito: la estaban llamando, era la voz de su madre, ¿Qué haría en el medio del bosque? Seguía sin entender nada, algo estaba funcionando mal. Sintió gritos más fuertes, le parecía que le estaban pisando los talones y luego que le estaban sacudiendo el cuerpo todo, “Daniela despiértate por favor se enfría el almuerzo. Hoy cociné lo que tanto te gusta ravioles con salsa de tomates, ya está toda la familia sentada a la mesa ¡Solo faltas vos, por favor apúrate! Papá y tus hermanos están con mucho apetito esperando tu presencia”………….. Rita Berté

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