sábado, 14 de septiembre de 2013

Margarita Rodríguez - El duende



Los chicos corrían por toda la casa haciendo travesuras. La madre, para calmarlos, les prometió que si se portaban bien, cuando baje el sol, vendría el duende a dejarles golosinas en el jardín.
Como les quedaba un largo día por delante, les asignó algunas tareas: Juancito debía recoger los huevos del gallinero; Lucas barrer las hojas del jardín y María ordeñar la vaca.
Los varones, que eran más traviesos, se confabularon para espiar al duende, apoderarse rápido de las golosinas y así, eludiendo a su hermana, tendrían más para ellos.
Luego de las tareas asignadas por su mamá, debían concluir las tareas escolares. Como los niños seguían confabulando, esto les llevó toda la mañana. María, muy concentrada, terminó sus deberes con facilidad y se dirigió a la cocina. La madre estaba preparando unas exquisitas confituras con las que sorprendería a sus hijos al atardecer. Entonces, para que la niña no se diera cuenta de lo que estaba haciendo, le pidió que ayudara a los hermanos con sus deberes y, obediente, así lo hizo.
Cuando terminó de ayudar a sus hermanos volvió a la cocina. La madre escondió rápidamente las golosinas recién horneadas en una caja y la guardó en la parte alta de la alacena. Pero, en el apuro, se deslizó la hoja con la receta al piso. María la recogió y leyó con curiosidad, luego la guardó.
Partieron los tres para la escuela. Entre corridas y risotadas, Juan y Lucas iban pateando piedras y cuanto encontraban en el camino. María para no ser golpeada caminaba detrás, entreteniéndose con la lectura de la receta que, distraída, había guardado en su bolsillo.
Al regresar, luego de la merienda, la madre les preguntó cómo se habían portado. Todos respondieron que muy bien y los varones, con la escusa de ir a jugar, salieron al jardín a espiar la llegada del duende. Pero la madre ya había escondido las golosinas más temprano. Como todavía faltaba bastante para el atardecer, María le pidió permiso para practicar una receta. Recomendándole que lo hiciera con cuidado, accedió y se retiró a ordenar las habitaciones.
La niña puso en práctica lo que había estudiado en el camino y preparó un montón de excelentes  confituras.
Al anochecer, cuando tuvieron el permiso para revisar el jardín, Lucas y Juan encontraron fácilmente las golosinas que la madre había ocultado a medias detrás de unos arbustos. María estaba tan entretenida en la cocina que tardó en salir al jardín. Ambos varones se repartieron rápidamente el botín y se lo comieron antes de que llegara su hermana.

Pero, ante el asombro de los hermanos, ésta apareció con una fuente repleta con las mismas golosinas que gustosa compartió con toda su familia.

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